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Si el Gobierno no presenta un plan económico realista y sincero para el período 2020-23, que inspire confianza a los inversores argentinos y extranjeros y logre bajar el riesgo país, corre el riesgo de perder la elección, por más campaña 4.0 que proponga Durán Barba

Si el Gobierno no presenta un plan económico realista y sincero para el período 2020-23, que inspire confianza a los inversores argentinos y extranjeros y logre bajar el riesgo país, corre el riesgo de perder la elección, por más campaña 4.0 que proponga Durán Barba.

por Domingo Cavallo

La tasa de inflación relevante basada en el relevamiento de los precios online, que es la que mide mejor que la del IPC INDEC el efecto de la política monetaria, bajó en noviembre y va a bajar aún más en diciembre.

Si el Banco Central logra mantener estabilizado el precio del dólar (digamos aumentando en promedio 2% mensual de aquí hasta el final de 2019) es perfectamente posible que la inflación promedio de los próximos 12 meses se ubique en alrededor del 1.8% mensual. Esta fue la tasa mensual promedio de los precios online entre junio de 2016 y abril de 2018, luego de que se completara el traslado a precios de la devaluación asociada con la unificación del mercado cambiario y antes de que se desatara la interrupción repentina del flujo de capitales a partir de mayo de 2018.

Es mucho más difícil lograr reeditar una reactivación de la economía como la que se dio a partir del tercer trimestre de 2016 y le permitió al gobierno llegar a la elección de octubre de 2017 con un clima de optimismo y esperanza. La gran diferencia es que, a lo largo de 2017, la tasa de riesgo país estuvo descendiendo y las tasas reales de interés, aun siendo relativamente altas, seguramente más altas de lo que hubiera sido necesario para evitar el atraso cambiarlo por exagerada entrada de capitales de muy corto plazo, no impidieron que los empresarios argentinos decidieran apostar al crecimiento y comenzaran a invertir.

Lamentablemente, ni el fuerte apoyo del FMI ni la mucho más fuerte política de contracción monetaria que está impulsando el Banco Central, ha logrado revertir el clima de interrupción del flujo de capitales. El ajuste de la cuenta corriente de la balanza de pagos se ha producido básicamente por una contracción extrema de las importaciones asociada a la fuerte recesión, la prácticamente nula inversión del sector privado y la caída en la inversión pública.

Si el gobierno no centra su campaña electoral presentando un plan económico de estabilización y crecimiento realista y sincero, que inspire confianza a los inversores argentinos y extranjeros y logre a la vez bajar las tasas reales de interés y el riesgo país, es muy probable que pierda la elección presidencial, por más campaña 4.0 que proponga Durán Barba, con el mejor asesoramiento técnico disponible.

La oposición, tanto la del Kirchnerismo como la del Peronismo no Kirchnerista y, por supuesto, la de todas las fuerzas de izquierda fuertemente ideológica, va a argumentar que el gobierno no tiene otro plan que el del FMI, le achacará haber endeudado irresponsablemente al país y sugerirá que adoptará medidas que el mercado interpretará como conducentes a un golpe inflacionario y al default de toda la deuda en dólares. Además, argumentará que el gobierno en su afán de reducir el gasto público va a producir fuertes despidos, introducirá mecanismos de quita a las jubilaciones y a los asalariados, impulsará una reforma laboral para abaratar los despidos del sector privado y reeditará las privatizaciones de los noventas.

Si el Gobierno, como parte de su campaña, se limitara a negar que vaya a hacer lo que sugiere la oposición, como lo hizo en la campaña del 2015 (¨No vamos a privatizar¨, ¨no despediremos gente¨, ¨no ajustaremos las jubilaciones, sino todo lo contrario¨, ¨ Para nosotros será fácil bajar la inflación¨) la gente no le va a creer y, por más técnica de marketing político superior a la de la oposición que pueda utilizar, es muy posible que termine perdiendo la elección.

Si las encuestas y los resultados de las votaciones anteriores a la primera vuelta, sugieren que puede ganar alguna de las fuerzas de la oposición, se acentuará la salida de capitales, no bajarán las tasas de interés y puede aumentar mucho el riesgo país. Se puede reeditar incluso una crisis cambiaria como la iniciada en mayo de 2018 antes de la primera vuelta. En ese caso, la profecía de los encuestadores y de los mercados se transformará en auto cumplida.

La única forma de evitar este curso de los acontecimientos pre-electorales es que la campaña del gobierno se base en un plan realista y sincero de estabilidad y crecimiento para el período 2020-2023. Este plan deberá explicar: 1) cómo conseguirá bajar el gasto público y la presión fiscal a no más del 30% del PBI, 2) cómo eliminará el fuerte sesgo anti-exportador de la economía, acentuado con la re-introducción de las retenciones, 3) de qué forma implementará la apertura por el lado de las importaciones para facilitar la integración de la economía interna a las cadenas de valor del mundo, sin que las empresas eficientes queden descolocadas por impuestos distorsivos y regulaciones anti-productivas que encarecen el costo argentino,  4) cuáles serán los objetivos de la reforma de la legislación laboral y del sistema impositivo que encarece el costo laboral y disminuye el salario de bolsillo de los trabajadores, 5) en qué consistirá la reforma previsional, 6) cuáles serán las reglas de juego permanentes del sector energético y de todos los sectores en los que se quiere priorizar la inversión privada, tanto nacional como extranjera, 7) A qué sistema monetario se tenderá, si al Chileno, Brasilero, Mejicano y Colombiano, economías que nunca tuvieron dolarización de hecho ni de derecho, o al Peruano y Uruguayo, típico de las economías que por muchos años estuvieron fuertemente dolarizadas.

Por supuesto, que el Gobierno tendrá que tener para cada uno de estos temas un grupo de expertos con fuerte capacidad comunicacional y para la polémica. Lo importante será obligar a la oposición a presentar su propio plan y dar lugar a un debate técnico que limite la capacidad de los candidatos de la oposición a sanatear con el típico discurso populista, voluntarista y demagogo. Obligará a los partidos de la oposición a conformar equipos técnicos que puedan sostener una discusión seria y con argumentos creíbles para quienes deben adoptar decisiones de inversión y apostar a un buen futuro para la economía argentina. No lo hará el candidato Kirchnerista ni el de la extrema izquierda, pero bien puede hacerlo el candidato del Peronismo no kirchnerista.

Si algún candidato
opositor es capaz de mostrar su propio plan acompañado por un buen equipo
técnico y conducir una discusión que sea competitiva con la del gobierno, el
efecto será muy bueno, porque ayudará a que la posible derrota del gobierno no
signifique un colapso económico y, de paso, si el gobierno gana la reelección,
tendrá la posibilidad de invitar a formar una coalición más amplia para
implementar su plan, mejorado incluso con lo que puedan ser propuestas
superadoras del buen candidato opositor.

Sin duda, una estrategia de marketing político 4.0 ayudará a quien mejor sepa aplicarla, a divulgar las propuestas con más eficacia. Pero de nada servirá el marketing político si el candidato y su equipo no son capaces de presentar un plan realista y sincero. Especialmente para el candidato de Cambiemos, que ya ha gobernado cuatro años y no va a ser creíble si no reconoce los errores que condujeron a la actual situación y no presenta argumentos sólidos de que en caso de ser reelegido podrá lograr lo que no logró en el primer mandato.

La elección del año próximo es muy importante. Se juega, ni más ni menos, si el futuro inmediato nos depara una transición ordenada y en paz hacia un país estable y con crecimiento, o si asistiremos a una de nuestras tantas crisis gravosas, cuyas consecuencias de mediano y largo plazo son muy inciertas y probablemente desfavorables.

A mis amigos libertarios les advierto que es muy poco probable que, si Cambiemos no logra presentar y ganar la elección con un buen plan de estabilidad y crecimiento, haya por muchos años la posibilidad de que gane una futura elección una propuesta más liberal que la de ese plan. Lo más probable, es que asistamos a otro largo período de políticas ¨Duhalde-Kirchneristas¨ como las de los años 2002 al 2015.

A quienes quieran conocer los fundamentos de mi opinión, los invito a que lean el libro que hemos escrito con mi hija Sonia y que se titula “Historia Económica de la Argentina¨. Y a quienes estén interesados en mi opinión sobre la reforma monetaria que debería incluir un buen plan de estabilidad y crecimiento, los invito a leer mi libro ¨Camino a la Estabilidad¨, que aun cuando fue escrito en 2014, tiene plena vigencia.

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