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Otro indicador de que el tipo de cambio real está cerca de su nivel de equilibrio

Otro indicador de que el tipo de cambio real está cerca de su nivel de equilibrio
por Domingo Cavallo
Como siempre ocurre, los artículos de Joaquín Cottani, arrojan luz sobre aspectos importantes de nuestra realidad económica. El que acaba de publicar la Fundación Mediterránea, titulado ¨El gasto público en dólares y su relevancia para la economía argentina¨, no es una excepción.

En este trabajo Cottani explora una forma de indagar si existe desequilibrio en el tipo de cambio real, utilizando una metodología desarrollada por la Fundación Mediterránea en la década del 80. Consiste en examinar la evolución del gasto público medido en dólares.

Como se descubrió en los 80s, ese indicador señala la existencia de un umbral a partir del cual, la presión que el gasto público y su financiamiento (cualquiera sea la forma que adopte), pone sobre el valor agregado por la producción de bienes comercializables internacionalmente (bienes de exportación y sustitutos de importaciones), se torna insostenible. Para mediados de los 80s, ese umbral se ubicaba en 20 mil millones de dólares. En la actualidad ese umbral se ubica en los 200 mil millones de dólares.

La muy interesante conclusión de su análisis es que el cociente entre el gasto público y el tipo de cambio nominal presupuestados ambos para el año en curso, está muy cerca de esa cifra. Ello, a pesar de que entre 2012 y 2018 estuvo bastante por arriba de ese umbral, claro signo de que se había acumulado un atraso cambiario.

El desequilibrio del período 2012 a 2015 era evidente, porque lo marcaba la brecha con el mercado paralelo. Pero a muchos sorprende que haya continuado habiendo atraso cambiario después de la eliminación del cepo y de la adopción de la tan mentada libre flotación por parte del gobierno de Macri. Sólo sorprende a quienes creen que el atraso cambiario es siempre consecuencia del tipo de cambio fijo. Craso error!

Si bien en el caso de tipo de cambio fijo, un deterioro de los términos del intercambio provoca atraso cambiario (que luego es difícil de corregir porque requeriría deflación de salarios, como ocurrió entre 1999 y 2001), en nuestro país es mucho más frecuente que el atraso cambiario se origine en un desfasaje entre el aumento del gasto público y el ritmo de la devaluación nominal.

Por esa razón, cuando el Banco Central pretende reducir la tasa de inflación controlando la cantidad de dinero o la tasa de interés, pero el gasto público en términos nominales sigue creciendo, la estabilización del tipo de cambio lograda por política monetaria, también termina en atraso cambiario. En este caso, la libre flotación no elimina ese riesgo.

En este momento, la siguiente es una cuestión clave: ¿qué características debería reunir un plan de estabilización para ser exitoso?

En primer lugar, no debería pretender crear un colchón cambiario como el que resultó de la pesificación cum devaluación explosiva del año 2002. Eso significaría acentuar el actual clima estanflacionario, sin ningún beneficio para la estabilización posterior, porque a diferencia de lo que ocurría a fines del 2001, hoy la economía está indexada por la inflación pasada, lo que proyecta la inflación hacia adelante. El actual nivel del tipo de cambio real es un buen punto de partida para una estabilización exitosa. No hace falta mayor devaluación real.

En segundo lugar, la mejor estrategia estabilizadora consiste en anunciar una regla nominal tanto para el aumento del gasto público como para el tipo de cambio. Lo mejor sería poder estabilizar de manera completa ambas variables. Para hacerlo posible, es necesario encontrar la forma de des-ndexar de manera completa a la economía. Es aquí donde aparece como crucial una reforma monetaria.

La reforma monetaria, sea dolarización completa o simple legalización del uso del dólar como moneda de curso legal, permitiría obligar a que los contratos y presupuestos, expresados en dólares, dejen de incluir clausulas de ajuste por inflación pasada.

Otra cuestión que surge claramente de la investigación de Joaquín Cottani, es que aunque el nivel de gasto público en términos de dólares está en un nivel soportable para las actividades de exportación y sustitutivas de importaciones, la presión del gasto público sobre el valor agregado del resto de los sectores, es claramente excesiva. Por consiguiente, es imprescindible que la estabilización se logre sin que siga cayendo el nivel de actividad económica. Por el contrario, lo que se necesita es que comience a crecer, tal como se lo logró en 1991.

Para conseguir este efecto, el Banco Central debe dejar de controlar la cantidad de dinero y no debe preocuparse por mantener altas las tasas de interés nominal. Debe dejar que ambas variables busquen también su equilibrio espontáneo. Si el ancla nominal de la economía es el gasto público y el tipo de cambio, es importante que la economía se re monetice y reaparezca el crédito al sector privado a tasas normales de interés. De otra manera, la recesión continuará y el gasto público como porcentaje del PBI seguirá cayendo.

Obviamente, todo lo que acabo de decir, deja bien en claro, que el plan de estabilización que está aplicando el gobierno, no llevará a la economía a buen puerto, a pesar de que los esfuerzos y sufrimientos de los tres últimos años, han permitido eliminar el desequilibrio heredado del tipo de cambio real y, a pesar de que, más por necesidad electoral que por decisión económica racional, ahora el Banco Central anuncie que no seguirá aumentando el techo de la zona de flotación.

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