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Eliminar el sesgo anti- exportador de la economía será clave para que la re-activación sea el inicio de un proceso de crecimiento

Eliminar el sesgo anti- exportador de la economía será clave para que la re-activación sea el inicio de un proceso de crecimiento.

por Domingo Cavallo

Durante junio la inflación siguió cediendo, y ya se
ubica por debajo del 3 % mensual. Con el precio del dólar prácticamente estabilizado
en torno a los 44 pesos, la inflación debería seguir bajando en los próximos
meses.

Los indicadores del nivel de actividad, así como los
datos sobre empleo, sugieren que en el primer trimestre de 2019 la economía
real tocó fondo, pero no hay indicios de que se produzca una reactivación
significativa a partir del tercer trimestre. Es posible que la reactivación se
observe con más claridad en el cuarto trimestre, especialmente si las PASO y
las encuestas previas a la primera ronda de la elección presidencial, sugieren
que el Presidente Macri resultará reelecto. Si continúa la incertidumbre y
existe probabilidad de que triunfe la fórmula Fernández-Cristina, se acentuará
el clima de estanflación.

Ahora que los economistas vinculados a los diferentes
candidatos han comenzado a hablar de lo que el futuro gobierno debería hacer
para lograr estabilidad y crecimiento, se están escuchando advertencias sobre
el riesgo de que se produzca un atraso cambiario de raíz electoral.

El argumento es el siguiente: como se sabe que la estabilidad cambiaria produce en el corto plazo un cierto efecto estabilizador y re-activador del mercado interno, se concluye que el gobierno generará un nuevo atraso cambiario para tener más chances de ganar la elección. Si ello ocurre, se argumenta que no será posible que la re-activación ensamble naturalmente con un proceso sostenido de crecimiento. Enseguida aparecería la tradicional restricción externa por insuficiente aumento de las exportaciones, característica de los 70s y 80s.

Este
dilema, aparentemente muy desalentador, se puede resolver si el gobierno que
asuma el 10 de diciembre advierte que la causa del retroceso de las
exportaciones industriales no es el atraso cambiario sino el sesgo anti
exportador de la economía argentina, sesgo que se acentuó por las medidas
fiscales que debieron tomarse a partir del año 2018 para avanzar hacia el
equilibrio fiscal.

Sorprende que en las discusiones sobre las reformas estructurales que son imprescindibles, los economistas cercanos al gobierno no enfaticen que la eliminación de cuajo del sesgo anti exportador de la economía deberá ser un pilar fundamental de la futura estrategia de estabilización y crecimiento.

La recesión del mercado
interno continúa, pero parece haber tocado fondo en el primer trimestre

En general, si bien la mayoría de los indicadores del cuadro 1 siguen en terreno negativo, las caídas con respecto al mismo mes del año anterior son para abril y mayo inferiores a las registradas para los tres primeros meses del año, Por ejemplo, el estimador mensual de actividad económica del INDEC registra para abril una caída del 1,3%, mucho más baja que la del 4,6% registrado en el primer trimestre.

¨Exportaciones¨ es el único indicador que está en terreno positivo, especialmente si se observa el 16,5% de aumento de mayo 2019 en comparación con mayo del año anterior, muy superior al aumento del 2,5% entre los primeros cinco meses de 2019 y el mismo período de 2018. Pero un examen desagregado de las exportaciones no permite ser optimista respecto a que este fenómeno sea sostenible.

Las exportaciones de manufacturas
están declinando

El aumento observado en las exportaciones se origina
en las de productos primarios, de sus manufacturas y de las exportaciones de
combustibles y energía. Estos aumentos no se explican por la evolución del tipo
de cambio sino por la reversión del fenómeno climático que afectó a las
exportaciones agropecuarias durante 2018 así como de las reformas estructurales
que el gobierno logró implementar en el sector energético.

Por lo tanto, si el aumento del tipo de cambio real hubiera tenido algún efecto positivo en las exportaciones, el mismo tendría que haberse reflejado en el comportamiento de las exportaciones de manufacturas de origen industrial. Pero, como lo muestra el cuadro 2, estas exportaciones han estado declinando.

La caída de las exportaciones de manufacturas de
origen industrial pone de manifiesto que la fuerte devaluación del período
abril 2018 a abril de 2019 no tuvo el efecto esperado por quienes argumentan
que el tipo de cambio es el principal determinante de la competitividad
exportadora del país.

Este resultado no es novedad para mí, ni debería serlo
para quienes siguen mis escritos anteriores. Tanto en mi libro ¨Camino a la
Estabilidad¨ de 2014, como en ¨Historia Económica de la Argentina¨ de 2018,
mostré claras evidencias de que el tipo de cambio real no es el principal
determinante de la performance exportadora. Lo señalé también en varios de mis
posts en la web ( ver http://www.cavallo.com.ar/el-deterioro-de-la-competitividad-es-estructural/ y http://www.cavallo.com.ar/ajustar-por-inflacion-el-tipo-de-cambio-de-40-pesos-corre-el-riesgo-de-espiralizar-la-inflacion-y-no-ayudara-a-promover-las-exportaciones-de-manera-sostenible/

La comparación de las columnas del cuadro 2 que
registran las variaciones anuales en las exportaciones a precios corrientes y a
precios constantes en los sucesivos períodos (1989-2001 con convertibilidad, 2002-2015 con un tipo de
cambio promedio bastante más alto que el de la convertibilidad y 2016-2018 con
un tipo de cambio real parecido al del período 2002-2015), pone de manifiesto
que la mejor performance exportadora, para todos los rubros, se produjo en el
período de la convertibilidad (1989-2001).

El crecimiento de las exportaciones durante el período 2002-2015 fue significativamente inferior al del período de la convertibilidad. Durante los tres años del gobierno de Macri, 2016 a 2018, se produjo una tenue recuperación con respecto a los años del Kirchnerismo, salvo en lo que respecta a las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario que sufrieron los efectos de la sequía de 2018, fenómeno que se está revirtiendo rápidamente en 2019, tal como lo muestran los porcentajes de variación durante los primeros 5 meses y, en particular, para el mes de mayo.

Argumento equivocado

A
pesar de estas claras evidencias de que el tipo de cambio real no es el
determinante fundamental de la performance exportadora, el principal argumento de quienes temen que se
produzca un atraso cambiario de raíz electoral, sigue siendo que se necesitarán
nuevas fuertes devaluaciones luego de las elecciones para alentar el aumento de
las exportaciones.

Este razonamiento es equivocado porque no advierte que el gran problema que afecta a las exportaciones no es el atraso cambiario sino el fuerte sesgo anti-exportador que caracteriza a la economía argentina desde 2002 y que se ha acentuado durante el año 2018 y lo que va del 2019.

En mi post del 1 de junio, argumenté que no hay indicio de atraso cambiario. Pero admitido que por ahora ello es así, ¿Cómo se logrará que, durante 2020 y en los años siguientes, la continuidad de la política de estabilización, basada seguramente en la estabilidad del tipo de cambio nominal, permita ensamblar la re-activación del mercado interno con el aumento vigoroso de las exportaciones?

La eliminación de cuajo del sesgo anti exportador es la única herramienta disponible para que un futuro plan de estabilización y crecimiento logre empalmar la re-activación del mercado interno con el aumento vigoroso de las exportaciones.

Las causas del sesgo anti exportador de la economía

El
sesgo anti exportador se origina en impuestos distorsivos que crean una brecha
entre el tipo de cambio efectivo con el que se remunera a las exportaciones y
el tipo de cambio efectivo con el que se protege a la sustitución de
importaciones y permite el aumento de los costos de la producción exportable.

Los
impuestos distorsivos que explican el sesgo anti exportador son: las retenciones
a las exportaciones; los altos aranceles de importación; las restricciones
cuantitativas a las importaciones; y los impuestos indirectos, especialmente
impuesto a los ingresos brutos, a las transacciones financieras y los que se
aplican sobre la nómina salarial. Todos estos impuestos en lugar de disminuir,
han estado aumentando desde 2002 en adelante y ese aumento se acentuó a partir
del año 2018 con motivo de las medidas impositivas destinadas a cerrar la
brecha fiscal.

Los
reintegros y reembolsos de exportación fueron el instrumento utilizado durante
toda la década del 90 para compensar la incidencia de los impuestos indirectos
que no se habían logrado eliminar totalmente en aquella época, pero que eran
mucho más bajos que los que existen en la actualidad. Pero desde 2002 en
adelante, se fueron reduciendo y a partir de 2018, han sido, prácticamente,
eliminados.

La eliminación de cuajo del sesgo anti exportador es
clave para el crecimiento

En mi post del 1 de junio, expliqué los cambios en la política monetaria que permitirían convencer a los operadores económicos que, en el contexto de un plan de crecimiento con las reformas estructurales imprescindibles, el régimen monetario evolucionará en la dirección del sistema bimonetario que tanto éxito ha tenido en países como Perú y Uruguay. O, como lo quieren los que son definitivamente pesimistas sobre la habilidad del Banco Central para implementar políticas anti-inflacionarias capaces de sostenerse en el tiempo, hacia la dolarización completa de la economía.

En este post deseo recalcar que la eliminación de cuajo del sesgo anti exportador es la reforma estructural que no puede demorarse, si es que se quiere empalmar la posible re-activación de los próximos trimestres con el crecimiento vigoroso de las exportaciones, imprescindibles para asegurar un crecimiento sostenido de toda la economía a partir de 2020.

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